Slow travel , practícalo

Slow Travel

Caracol

El placer de vivir sin prisas, disfrutando de la riqueza que suponen la diversidad y los pequeños placeres de la vida. Visita nuestro hotel, nuestra comarca, pero además… descubre, vive, siente. .. ¿Rutas maratorianas? Noo… camina.. recorre rincones marcados y sin marcar… explora.. no tengas miedo a improvisar.. a dejarte llevar.. a charlar con quien te encuentras en el camino.. disfruta de un rincón, una fachada bonita, una puesta de sol, unos animales pastando.

No pases de puntillas por los sitios.. sin casi tocar.. Saborea a sus gentes, sus comidas, alarga el tiempo haciendo las cosas despacio.

¿Cómo sumarnos a la cultura slow travel?

  1. Un viajero slow elige un destino viable para los días de vacaciones con los que cuenta, de forma que tenga suficiente tiempo para disfrutar del lugar y no para pasarlo en el avión. Por ello, recomendamos utilizar transportes como el tren, para admirar todo el paisaje y, si viajamos en coche, ir parando en cada pueblo que encontremos en el camino, renunciando a hacer el mayor número de kilómetros en el menor tiempo. Una recomendación, ¡coge una bicicleta y piérdete por el entorno!
  2. Un viajero slow va caminando a todas partes dentro de las ciudades, por lo que nada se escapa a sus ojos, ni un rincón mágico, una fachada bonita que no está en las guías de viajes o una cafetería con encanto. Todo esto nos permite mezclarnos con los locales. Una forma de acercarnos a su cultura es aprendiendo su lengua o, al menos, algunas frases.
  3. Un viajero slow no es un todoterreno, no mira el reloj ni programa todas las horas del día, tampoco planifica rutas interminables que lo dejan exhausto y le impiden disfrutar del destino de forma sosegada y tranquila, enriqueciéndose de cada detalle o momento. Por ejemplo, comienza la mañana tomando un café mientras observas el día a día de la gente autóctona y, después, visita un mercado local o tenderetes callejeros.
  4. Un viajero slow busca integrarse con la cultura e idiosincrasia del lugar, por lo que prueba y saborea los productos locales de la tierra. Pregunta a alguien por los mejores platos autóctonos y déjate seducir por sus aromas y texturas. ¡Nunca almuerces en una franquicia de comida rápida o un menú continental!
  5. Un viajero slow prefiere encontrar una casa rural, situada en un enclave autóctono y agradable, con desayuno casero y dueños de la zona que nos indiquen lugares y costumbres locales y no alojarse en complejos hoteleros, fortalezas de ocio. Realmente pasar todo el día en instalaciones occidentales nos aleja de la realidad social del país, de su forma de pensar, vivir, de su comida, fiestas o arquitectura. Las llamadas jaulas de oro masificadas hacen que pasemos por los lugares sin conocer absolutamente nada de ellos. Por este motivo, a falta de un hotel rural, resulta mucho más gratificante albergarnos en una pequeña pensión donde el trato sea cercano y familiar y nada protocolario o estandarizado.
  6. Finalmente, un buen viajero slow no es un turista ni hace turismo, viaja y conoce los lugares, los retiene en su retina y en su memoria, los vive y saborea, por lo que no necesita ir continuamente acompañado de una cámara de fotos o una guía. El tiempo que pasamos mirando por el objetivo nos distrae del momento vivido, podemos recurrir a la cámara para inmortalizar un momento único o una actitud inolvidable pero no para fotografiar cada paso que demos, ya que para eso están las postales. Por su parte, una guía nos debe ayudar a orientarnos, no a salvarnos la vida pues ¿qué puede haber mejor que perderse por una ciudad, callejear y mezclarse por sus barrios y gentes?

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