¿Qué comia el emperador Carlos V? Ven a comer como un rey
La Mesa de Carlos V en La Vera: Lujo, Especias y Sabor Imperial
En los últimos años de su vida, el emperador Carlos V eligió el Monasterio de Yuste, en plena comarca de La Vera, como refugio de retiro. Lo que pocos saben es que su vida monástica distaba mucho de ser austera, al menos en lo que a comida se refiere. Porque Carlos V no solo fue uno de los hombres más poderosos de su tiempo, también fue un auténtico amante del buen comer y del mejor beber.
Desde La Casa de Pasarón, a solo unos kilómetros de Yuste, nos gusta recordar que los sabores que cautivaron al emperador siguen muy presentes en la cocina tradicional de la zona. Este artículo es una invitación a descubrir esa parte deliciosa de la historia.
El Apetito del Emperador
Carlos V tenía fama de comilón. A pesar de sufrir de gota, problemas digestivos y una dentadura en muy mal estado, su apetito seguía siendo imperial. Le gustaban los sabores intensos, las especias exóticas y las mesas abundantes.
Entre sus alimentos favoritos se encontraban:
- Carnes contundentes: cordero, ternera, capón, liebre e incluso panceta y jamón serrano, que tenía siempre a mano en sus aposentos.
- Pescado y marisco: desde truchas del Tiétar (aunque prefería las de Valladolid si eran más grandes), hasta anguilas, ostras, lenguado, lamprea y rodaballo.
- Embutidos: tenía especial cariño por los que preparaba su madre en Tordesillas, al estilo flamenco.
- Dulces especiados: elaborados con clavo, canela, nuez moscada, miel y azúcar, siempre presentes en su despensa.
- Frutas selectas: melones, granadas, albaricoques, melocotones… aunque despreciaba algunas verduras locales, como las aceitunas de la zona, que consideraba demasiado “gordas y vulgares”.
Cerveza Flamenca en Tierra Extremeña
Si había algo que el emperador amaba tanto como la comida, era la bebida. Su favorita era la cerveza flamenca, al punto de traer desde Malinas a sus propios cerveceros para que se la prepararan en Castilla. Bebía tanta que incluso la tomaba en el desayuno.
También disfrutaba del vino —especialmente el alemán, francés y el oporto— y fue uno de los primeros europeos en probar el café y el chocolate, traídos del Nuevo Mundo y aún desconocidos para la mayoría.
El Banquete Silencioso de Yuste
A pesar del recogimiento espiritual del Monasterio de Yuste, su mesa seguía siendo digna de un emperador. Los médicos intentaban restringir su dieta, pero Carlos V se saltaba los consejos. La comida debía estar muy especiada para compensar su escaso sentido del gusto y sus problemas para masticar.
Las cocinas del monasterio y las casas vecinas en La Vera surtían de productos frescos y recetas sabrosas a su mesa. Aquellos sabores han perdurado en la tradición culinaria local: los guisos lentos de carne, los pescados de río, los potajes con pimentón, los embutidos caseros y los dulces de convento siguen siendo una parte esencial de la gastronomía verata.
Una Tradición Viva
En La Casa de Pasarón seguimos celebrando esa herencia gastronómica. Aunque nuestros menús actuales son más ligeros y conscientes, mantienen el alma de aquellos sabores: productos de cercanía, recetas auténticas, cariño en cada preparación y un ritmo pausado que invita a disfrutar.
Porque comer aquí no es solo alimentarse, es vivir un pedazo de historia. Y quién sabe… tal vez en cada plato resuene aún el eco de la mesa del emperador.
Reserva tu estancia







