¿Cómo diferenciar la auténtica Picota del Jerte? 7 claves para no dejarte engañar
¿Alguna vez te han vendido una “picota” que sabía a cualquier cosa menos a Jerte? No eres el único. Cada verano, miles de consumidores se confunden al elegir cerezas, y muchas veces compran imitaciones creyendo que están llevando a casa la auténtica picota del Jerte. Como agricultor con décadas entre cerezos, quiero ayudarte a distinguirla con total seguridad. Porque cuando pruebas una picota verdadera… ya no hay vuelta atrás.
A continuación te explico cómo reconocerla a simple vista, al gusto y al tacto. Te prometo que al terminar de leer este artículo, ya no te la cuelan.
1. La picota del Jerte no tiene rabito
Este es su sello más famoso. La picota auténtica se desprende del árbol de forma natural, dejando el pedúnculo (rabito) en la rama. Si lleva rabito, no es picota del Jerte. Así de sencillo. Las imitaciones suelen quitar el rabito a mano, pero dejan una marca más visible o un pequeño agujero. La picota real tiene un acabado limpio y redondeado donde se soltó sola.
2. Tamaño pequeño, sabor grande
No esperes una fruta gigante. Las picotas del Jerte son más pequeñas que otras cerezas, pero su sabor es concentrado, dulce y ligeramente ácido. Su pulpa es firme, crujiente y jugosa. Si al morderla no explota en sabor… no es del Jerte.
3. Color oscuro y mate
El color ideal de una picota del Jerte es un rojo granate, profundo. No tiene el brillo exagerado de algunas cerezas comerciales. De hecho, las picotas no se abrillantan ni se enceran. Se presentan tal cual salen del árbol, con motitas naturales en la piel. Más auténticas, imposible.
4. Denominación de Origen Protegida: tu garantía
Busca siempre el sello oficial de la Denominación de Origen Protegida “Cereza del Jerte”. Solo las picotas cultivadas en el Valle del Jerte bajo unos estándares muy concretos pueden llevarlo. Este distintivo es tu mejor aliado en el mercado. Si no lo ves en el envase, desconfía.
5. Solo disponibles unas pocas semanas
La temporada de la picota del Jerte comienza a finales de junio y apenas dura un mes. Si ves picotas en abril, mayo o agosto… no son auténticas. La naturaleza no se salta su calendario.
6. Cuatro variedades, una misma esencia
Aunque todos hablamos de “picotas”, en realidad cultivamos cuatro variedades principales en el Jerte: Ambrunés, Pico Negro, Pico Limón Negro y Pico Colorado. Todas sin rabito, con ese sabor intenso y esa textura firme que tanto las caracteriza.
7. Un sabor que no se olvida
La diferencia real está en la boca. Las picotas del Jerte tienen un perfil de sabor único, profundo, equilibrado y natural. No empalagan, pero son dulces. No son aguadas, pero refrescan. Si alguna vez pruebas una en el propio valle, recién recogida… entenderás por qué defendemos tanto este producto.
¿Por qué es importante reconocer la picota auténtica?
Porque al hacerlo estás apoyando a cientos de familias que vivimos del campo en el Valle del Jerte. Estás apostando por un producto natural, sostenible, cultivado de forma tradicional y sin atajos industriales. Y, además, estás llevando a casa una fruta de calidad excepcional.
¿Y ahora qué?
La próxima vez que veas una picota… obsérvala. ¿Tiene rabito? ¿Es demasiado brillante? ¿Está en temporada? ¿Lleva el sello de la D.O.P? Si la respuesta es sí a todas las buenas preguntas, ¡adelante! Si no, busca mejor. Tu paladar —y los agricultores del Jerte— te lo agradecerán.
Y si quieres vivir la experiencia completa, ven al Valle del Jerte. Pasea entre cerezos, prueba una picota recién cogida y descubre por qué esta fruta es mucho más que una cereza. Es parte de nuestra alma.
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